jueves, marzo 09, 2017

¡Urge legislar!

Es pleno 2017, hace casi 50 años el hombre ya pisó la luna y nosotros seguimos teniendo distintos tipos de contactos en la pared, según el país en que te encuentres. A veces no necesitamos que Dios nos castigue por construir una torre de Babel; solitos nos encargamos de hablar distintos idiomas y tener 25 tipos de contactos de pared, solo porque sí.

Algo similar pasa con los seres fantásticos y solo están creando confusión y frustración en los niños. ¡Esto debe de parar!

Recuerdo muy bien un 7 de enero de 1994 (no es broma), debieron ser las 8:45 de la mañana, apenas unos minutos antes de que sonara la chicharra para formarnos en el patio, listos para empezar las clases, después de unas buenas vacaciones decembrinas. La plática estaba acaparada por dos temas: ¿Qué hiciste en las vacaciones? y ¿Qué te trajeron los Reyes y Santa?

En eso me topé con Zorrilla. En escuela de puros hombres nos hablábamos por apellidos, nunca entenderé por qué. Zorrilla (cambié el apellido, no vaya ser que Zorrilla me lea) era un niño, a decir verdad, bastante echadito a perder. Por alguna razón genética o psicológica, se desarrolló sexualmente antes que su propio cuerpo. Estaba obsesionado con el sexo. Le gustaba la maestra que era vieja, con las chichis colgadas, pelo pintado de rojo cerillo y bastante fea. Yo creo que no le gustaba-gustaba, solo era su única referencia femenina a parte de su madre.

Cada vez que podía, Zorrilla se asomaba a verle los calzones a la maestra de inglés, por debajo de su escritorio, y amaba buscar sus senos a través de la abertura de la camisa guanga con estampado noventero.

Zorrilla también me mostró la primera Playboy en mi vida, según recuerdo. Las llevaba a la escuela en la mochila y las sacaba durante el recreo. Siempre me pareció una revista llena de muchas letras y artículos cuando mi expectativa era más bien, gráfica.

En fin. Ese 7 de enero, antes de sonar la chicharra, Zorrilla comenzó a decir qué le trajo Santa Claus. No recuerdo la lista tan a detalle como la fecha, pero era algo así como: una bicicleta, el barco pirata de Playmobil, 5 juegos, el guante y la bazooca del Nintendo, una patineta, una chamarra de los Dallas Cowboys, una gorra Nike de moda, un balón profesional de Adidas, la playera de la selección, la nueva pista de Hot Wheels, una bota sobre la chimenea llena de dulces de importación, de esos caros: m&m´s, 3 Musketeers, Sweetarts, los chicles Ouch (esos que eran como curitas), chicle de los Ghostbusters y del Bubble Tape, unos Slush Puppie (chicles suavecitos de huellitas de perro), los de Popeye, los de Garfield, 3 huevos Kinder y una caja de Gobstoppers para romperte la mandíbula.

Algo no me cuadra” –pensé–. Este tipo reprueba materias, trae pornografía a la escuela, le ve las chichis a la maestra y Santa Claus le trae toda la tienda de Toys ‘R Us. En cambio yo, un niño bien portado que le va medianamente bien en sus calificaciones y no anda acosando a nadie, recibo una cuarta parte del botín. Peor aún, Sotomayor (también le cambié el nombre, porque estoy seguro que él sí me lee), un niño que saca puro 10 en la escuela y es tan bueno como la encarnación de Jesucristo nuestro redentor, recibe pura pinche ropa y una pistolita de agua, de esas del mercado.

Esto huele mal. Santa y los Reyes están haciendo diferencias muy grandes sin coherencia alguna. Debemos salvaguardar los sentimientos de nuestra infancia, ellos son nuestro futuro y los estamos destrozando emocionalmente con estas diferencias. No solo es por la cantidad y calidad de regalos, sino por las características intrínsecas de Santa, los reyes o el resto de las criaturas fantásticas que visitan nuestros hogares.

Al igual que los contactos de pared, necesitamos regularizar y homologar a estos entrañables personajes. ¡Urge legislar!

Debemos ponernos de acuerdo para cuidar a nuestros críos, porque en la escuela se comunican, vastamente. Y no quieres que tus hijos empiecen a lucubrar y atar cabos.

Primero lo primero. ¿Quién trae regalos en navidad? Algunos dicen que Santa Claus y otros que el Niño Dios. Dejémoslo claro de una vez: el niño acaba de nacer, no trae nada consigo más que restos de placenta. En cambio Santa Claus tiene todo el equipo listo; un ejército de elfos sobre-explotados, una fábrica en el polo norte, un trineo que viaja a la velocidad de la luz con renos voladores y un costal con un interior más grande que un hoyo negro. Santa sabe caminar y comerse las galletas y leche bajo el árbol. El Niño Dios no sabe ni gatear, ¡¿cómo esperas que cargue una bicicleta?!

Segundo punto en la agenda. Santa y los Reyes deben llega a un acuerdo: ¿Quién trae qué? En algunas casas solo llega Santa, en otras solo los Reyes. En otras más, Santa trae juguetes y los Reyes ropa, pero en otras es justo lo contrario. No importa el veredicto, solo importa que se pongan de acuerdo porque están generando un pandemónium entre los niños.

Deben consolidar de una vez ciertos estatutos sobre la forma en que hacen su trabajo. ¿Van a dejar los regalos bajo el árbol, en los sillones o piso de la sala? ¿Envueltos o no envueltos? No pueden estar haciendo estas diferencias de casa en casa, señores.

En años recientes, las fechas decembrinas han visto el nacimiento de unos duendes que están generando caos. No por sus travesuras, sino porque están discriminando hogares. En algunos ya son una tradición consolidad mientras que en otra solo son un deseo profundo de los chiquillos porque los padres les cerraron la puerta como testigos de Jehová, no son bienvenidos. Esto representa un problema porque carcome de envidia a los niños que desean verlos en acción y simplemente no aparecen. O se van todos o llegan a todas las casas, no pueden hacer un Apartheid navideño con los niños como víctimas.

Existe por ahí otro ser mitológico, del que ya hemos hablado previamente. Ese que se escabulle para recolectar pedazos de restos humanos por alguna especie de filia o rito satánico. Hablamos del ratón de los dientes. O no. Porque en algunas casas no es ratón, es hada. La verdad suena mejor un hada; un roedor que transmite enfermedades y pestes, y se mete debajo de tu almohada mientras duermes no es nada atractivo, ni siquiera poniéndole un apellido para que suene más bonito.

Es hora de que el Ratón Pérez cuelgue los guantes y deje que el Hada de los Dientes se haga cargo del negocio. Sé que puede tener tintes monopólicos y eso no es bien visto en la Comisión Federal de Competencia Económica, pero debemos de pensar en los niños. ¿Qué queremos? ¿Una hermosa hada o una rata con posible rabia?

También están las Pascuas y los huevos de chocolate. Aquí nos enfrentamos a un tema de identidad de género: algunos dicen que llega el conejo de pascua, otros que la coneja. Somos inclusivos y no discriminamos, sólo hay que tener una misma versión para evitar confusiones.

El/la conejo/a Segundo también provoca un caos con los huevos que trae consigo. He vivido en carne propia tres versiones de su oferta:
1.     Trae huevos de chocolate, los típicos. Algunos con relleno de rompope y otros no, envueltos en papel metálico de colores chillantes.
2.     También se encuentras el servicio premium que solo llega al nivel socioeconómico ABC+, donde trae huevos Kinder y otros chocolates que ya ni huevo son, como Snickers y Milky Way.
3.     Recientemente conocí uno todavía más exclusivo, donde son huevos de plástico y tienen dinero adentro, con monedas y billetes de distintas denominaciones. Claramente ya no nos importa la resurrección de Cristo, sólo la cotización en la Bolsa de Valores, el precio de los CETES y el tipo de cambio en ventanilla.

Es cuestión de una década para que aparezca algún ser fantástico del Día de Muertos o Halloween, creo que debemos hacer una pausa cultural y poner en línea el desorden que ya tenemos antes de presentarnos nuevos personajes. Si no, vamos a terminar como la mitología mexica, que empezaron con Quetzalcóatl y terminaron con Tlaloc, Ehecatl, Coatlicue, Huehueteotl, Tonatiuh, Xochipilli, Tlazolteotl, Coyolxauqui,Huuitzilopochtli, Xolotl y Chalchiuhtlicue. Y el que mucho abarca, poco aprieta.

Dada la situación crítica actual, propongo crear la Comisión de Asuntos Internacionales de Seres Fantásticos en Protección de Nuestros Niños –o la CAISFPNN, por sus siglas en español–: un eje regulador que permita poner orden a esta marabunta de personajes, sus costumbres y descripción de actividades, con el fin de proteger, defender y amparar la tranquilidad de las nuevas generaciones.

En una segunda etapa de regularización abordaremos al coco, chaneques, trolls y monstruos en el closet. Con tu apoyo, este 1° de Julio podemos lograrlo.
Yes, we can.
Make our holidays great again.

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