viernes, noviembre 11, 2016

Tautónimos

En mi viaje a Bora Bora, estaba escuchando a Duran Duran mientras disfrutaba de un delicioso shabu shabu que pedí en el room service; no se parece nada al que sirven en el Tori Tori de Zuazua, Nuevo León, porque éste tenía un toque de couscous.

Nunca tuve que usar mi GPS TomTom para moverme por este paradisiaco lugar, podías ver nítidamente el extremo de la isla, si tienes una visión veinte-veinte.

Quise ir a bucear con el Mola Mola, pero me hicieron la trastada ¡¿Qué, qué?! Ese pez nunca se puede observar en aguas tan poco profundas. Por eso decidí quedarme en tierra firme y jugar con mi yoyo, después una lugareña me enseñó a usar el hula-hula, si bien es un símbolo hawaiiano, en Bora Bora también se divierten con este aro.

¡Vaya, vaya! ¡Yo no sabía que la música en español era tan popular en Bora Bora! En el sonido de la alberca se escuchó a José José, la canción del Picky-Picky y hasta la Mosca Tsé-Tsé. También pusieron la de La Chica Ye-ye y la de los Polvos Pica-Pica, de los Hombres G.

Ya entrado el atardecer, decidieron poner chachachá y cancán, entre que no me gusta esa música y que ya estaba empezando el chipi-chipi, decidí irme a mi cuarto. No más alberca para mí ¡Tan-tán!

Tenía algo de hambre y recordé que en mi equipaje de mano había guardado un poco de pan dulce de los Bisquets Bisquets Obregón, un toque de casa al otro lado del mundo siempre es reconfortante. No fue suficiente para llenar el estómago así que pedí una tártara y después me fui a dormir. Será por la cantidad de comida, pero durante la noche tuve pesadillas ¡Ñaka ñaka!

Bye, bye.

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